Los orígenes de una leyenda angevina
Fundada en Angers en el siglo XIX, la casa Cointreau es una de esas marcas cuyo nombre traspasa fronteras. Detrás de este licor de naranja, hoy emblemático, se esconde una aventura familiar, un saber hacer excepcional y un lugar único que visitar, a las afueras de Angers.
Símbolo del patrimonio industrial de Anjou, Cointreau encarna a la vez la audacia de una familia visionaria y la excelencia de un saber hacer transmitido desde hace más de 170 años. Todavía hoy, su factoría situada en Saint-Barthélemy-d’Anjou, cerca de Angers, abre sus puertas a los visitantes curiosos por comprender la historia, los gestos y la creatividad que han dado forma a esta firma reconocida en todo el mundo.
La historia de Cointreau comenzó en Angers en 1849, cuando los hermanos Adolphe y Édouard-Jean Cointreau, pasteleros de profesión, empezaron a elaborar licores de frutas. Impulsados por una búsqueda constante de la calidad, unos años más tarde dieron con un licor original, claro y delicado, elaborado con piel de naranja dulce y amarga.
Cointreau se fundó oficialmente en 1875. Su equilibrio aromático, su delicadeza y su carácter innovador le valieron rápidamente el reconocimiento más allá de la región de Anjou. En la actualidad, la marca mantiene un fuerte vínculo con su territorio de origen, donde se encuentra la única fábrica que existe en todo el mundo.



















